En Sevilla no hace falta entrar en un museo para encontrarse con historia. Basta cruzar un portón. Y es que los palacios en Sevilla forman parte del paisaje del centro: fachadas discretas que, de repente, dan paso a patios luminosos, escaleras monumentales y salones que mezclan siglos y estilos.
La Casa de Pilatos y el Palacio de las Dueñas son dos de los más conocidos, pero hay más. Y visitarlos es uno de esos planes que siempre sorprende, incluso a quienes creen que ya conocen la ciudad.
Casa de Pilatos

La Casa de Pilatos, levantada a finales del siglo XV por iniciativa de Pedro Enríquez de Quiñones y Catalina de Ribera, es uno de los mejores ejemplos de esa mezcla de estilos tan propia de Sevilla. Aquí conviven el Renacimiento italiano y el arte mudéjar en un mismo recorrido, sin que uno eclipse al otro. Entre sus espacios más llamativos está la galería baja, decorada con 24 bustos de emperadores romanos y españoles, y los jardines interiores.
Palacio de los Marqueses de Algaba

Este es uno de los grandes exponentes del arte mudéjar civil en la ciudad. Construido en 1474 por Juan de Guzmán, primer Señor de la Algaba, el edificio ha ido cambiando de piel con el paso de los siglos. Fue teatro (el conocido Teatro Hércules), casa de vecinos e incluso cine de verano, antes de convertirse en lo que es hoy: el Centro de Arte Mudéjar de Sevilla.
Villa Luisa

Rodeada de jardines y con una estética claramente regionalista, Villa Luisa pertenece a una etapa más reciente del patrimonio sevillano, a comienzos del siglo XX. Hoy funciona como espacio para eventos culturales y también acoge algunos conciertos del ciclo Candlelight Sevilla, que convierten sus salones en escenario bajo la luz de las velas.
Palacio de Lebrija

No es el palacio más famoso de Sevilla, y precisamente por eso se puede recorrer con tranquilidad. Construido en el siglo XVI como casa señorial, fue transformado a principios del XX por la Condesa de Lebrija, apasionada de la arqueología. Ella convirtió la vivienda en un auténtico museo privado, incorporando mosaicos romanos y piezas arqueológicas que hoy siguen cubriendo suelos y decorando estancias.
Casa de los Pinelo

Este palacio se levantó en el siglo XVI como casa del canónigo don Diego Pinelo, miembro del cabildo de la catedral de Sevilla. En aquel momento la ciudad todavía estaba muy marcada por el gótico y el mudéjar, así que la incorporación de elementos del Renacimiento italiano lo convirtió en una residencia poco habitual para su tiempo.
Hoy ya no es vivienda privada, pero sigue ligado a la cultura como sede de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras y la Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría.
Palacio de Dueñas

El Palacio de las Dueñas fue la residencia habitual de la Duquesa de Alba y también el lugar donde nació Antonio Machado. A lo largo del tiempo quedó ligado a la Casa de Alba y sus salones recibieron a figuras como Cole Porter o Grace Kelly. Esa mezcla de aristocracia, literatura y vida social explica por qué es uno de los palacios más famosos de la ciudad.
Palacio de Villapanés
Entre los palacios en Sevilla que hoy tienen una segunda vida está el Hotel Palacio Villapanés, un antiguo palacio barroco del siglo XVIII situado en el entorno de Santa Cruz. Es uno de los ejemplos más destacados de arquitectura civil barroca en la ciudad y conserva su estructura original en torno a varios patios.
Actualmente funciona como hotel de cinco estrellas, pero más allá de su uso, merece la pena fijarse en espacios como el Patio de las Conchas, vinculado según la tradición a la Ruta Jacobea Vía de la Plata.
Casa de las Sirenas

Encargado en el siglo XIX por el marqués de Esquivel, este palacete de estilo francés pasó de residencia señorial a edificio abandonado en los años 80, cuando quedó en un estado ruinoso tras el deterioro de los tejados y parte de la fachada, además del robo de las rejas y las sirenas que le daban nombre. En 1992 el Ayuntamiento lo recuperó y hoy funciona como Centro Cívico del Distrito Casco Antiguo.
Palacio Arzobispal

Es la residencia oficial del arzobispo de Sevilla y uno de los mejores ejemplos del barroco sevillano en la ciudad. Sus orígenes se remontan a 1248, cuando fue levantado para el primer obispo tras la Reconquista, y a lo largo de los siglos ha tenido distintos usos, como durante la ocupación francesa, cuando funcionó como sede de la Comandancia General del Ejército. Su cercanía con la Catedral no es casual: ambos edificios estuvieron comunicados por pasajes y corredores abalconados.
Palacio de San Telmo

Hoy es la sede de la Junta de Andalucía, pero este palacio nació en el siglo XVII con una función muy distinta: fue un colegio destinado a acoger y formar a hijos de marineros. Más tarde se convirtió en residencia nobiliaria y sus antiguos jardines acabaron transformándose en el actual Parque de María Luisa.
Casa Grande del Pumarejo
Da igual que hayas pasado mil veces por delante: siempre parece que las figuras del balcón te están mirando de verdad. La Casa del Pumarejo fue la residencia del conde Pedro Pumarejo y, desde 1883, funcionó como casa de vecinos. Tras años de deterioro, en 2025 han comenzado las obras de rehabilitación para recuperar este edificio, declarado Bien de Interés Cultural.
Palacio de Monsalves
Obra de Aníbal González y levantado en el siglo XX como residencia del Marqués de Aracena, el Palacio de Monsalves es uno de esos edificios que muchos reconocen por la serie de televisión Allí abajo, rodada en su interior. Mientras se concreta su incorporación a la ampliación del Museo de Bellas Artes de Sevilla, el palacio sigue alimentando otra fama menos oficial: la de las historias de fantasmas que circulan sobre sus salones.
Palacio de Altamira

En el siglo XIV, Don Diego López de Stúñiga impulsó la construcción de este palacio, que siglos después acabaría vinculado al Condado de Altamira. Su arquitectura recuerda en algunos elementos al mudéjar de los Reales Alcázares, especialmente en la organización de los espacios y ciertos detalles decorativos. Hoy es sede de la Consejería de Cultura del Ayuntamiento de Sevilla y está protegido como Bien de Interés Cultural.
Palacio del Marqués de la Montilla

A primera vista parece un edificio medieval, pero este palacio se levantó en pleno siglo XX, cuando fue necesario ensanchar la calle Laraña. Su fachada, de estilo italianizante con guiños medievales, recuerda al Palazzo Vecchio de Florencia, modelo en el que se inspiró su arquitecto.
Palacio de Mañara

En plena judería se encuentra este palacio renacentista, lugar de nacimiento de Miguel de Mañara, figura clave en la Hermandad y el Hospital de la Caridad. Con el paso del tiempo dejó de ser residencia para convertirse en fábrica de corcho, almacén y colegio, antes de asumir su función actual como sede administrativa de la Dirección General de Bienes Culturales de la Junta de Andalucía.