Andalucía custodia playas doradas (y calas ocultas), pueblos encalados, una serranía que brinda atractivos las cuatro estaciones del año; también legados de piedra que parecen suspendidos en el tiempo. Desde las imponentes almenas que vigilan el Estrecho hasta palacios fortificados que guardan secretos de otro tiempo, Andalucía se reserva todo un despliegue de castillos asombrosos que harán las delicias de los amantes de la historia.
De hecho, solo Jaén cuenta con 237 fortificaciones entre alcazabas, atalayas, murallas y castillos. Hacemos acopio de nuestros castillos imperdibles en Andalucía.

Desde 4 €
Coronando el Valle Medio del Guadalquivir, el de Almodóvar del Río resulta en uno de los castillos medievales mejor conservados de Europa, una joya imponente que tienes a menos de 2 horas de Sevilla. Su aspecto, eso sí, no ha permanecido incólume en sus trece siglos de historia.
Son muchas las localidades vecinas desde donde se puede otear esta fortaleza, edificada estratégicamente sobre una colina a 252 metros. Junto al río Guadalquivir, próxima a Sierra Morena y a medio camino entre Córdoba y Sevilla.
Almodóvar del Río —otrora Almudawar Al-Adna, allá por el siglo IX— y también su castillo se vincularon al Califato de Córdoba, pertenecieron a la Taifa de Carmona, también a la de Sevilla y al Imperio Almohade hasta que se entregara a Fernando III «El Santo» en los primeros esbozos del siglo XIII.
En los tiempos que siguieron, pasó de ser residencia real a formar parte de la Orden de Calatrava, en primer lugar, a la de Santiago, posteriormente, sometiéndose a diversas ampliaciones.
No sería hasta 1629 que Francisco de Corral y Guzmán, Conde de Torralba, se hiciera con esta propiedad que con los siglos fue quedando desvencijada.
Castillo de Burgalimar

Desde 3,50 €
Situado en Baños de la Encina, nació como una fortaleza omeya del siglo X.
Andalucía fue tierra de castillos desde que estuviera dividida en incontables reinos de taifas y luego fuera tierra fronteriza entre el Islam y el Cristianismo. El imponente castillo de Burgalimar, en la localidad jienense de Baños de la Encina, está considerado uno de los vestigios árabes más antiguos de los que se preservan en esta comunidad autónoma. Nació como una fortaleza omeya del siglo X, flanqueada por catorce torres defensivas (la del Homenaje de época cristiana, iniciada en 1225).
Curiosamente, Burgalimar casi no sufrió asedios, tragedias naturales, ni caprichosas restauraciones, y hoy está considerada la fortaleza mejor conservada de época califal y uno de los monumentos andalusíes más intactos. El castillo toma asiento en un cerro de Baños de la Encina, frente a extensiones de olivareras y las montañas de Sierra Mágina. La soberbia fortaleza, con más de mil años de historia, ha sido testigo de importantes episodios de los últimos diez siglos.
Castillo de Vélez-Blanco

Desde 0 €
El de Vélez-Blanco se trata de una fortaleza de 1531 que limítrofe con el Parque Natural de la Sierra-María-Los Vélez. Sobre el mismo, dice el National Geographic que tiene un «semblante caballeresco y medieval».
Don Pedro Fajardo, el primer Marqués de los Vélez, ordenó la construcción de este castillo sobre una antigua alcazaba musulmana.
De corte renacentista, aproximándose a los paradigmas italianos, se organiza en torno a un patio interior que otrora lucía un rico programa escultórico en mármol de Macael.
Actualmente, esta decoración se conserva nada menos que en el Metropolitan Museum de Nueva York.
Cabe recordar que en esta hermosa localización se celebran conciertos dentro del famoso Festival de Música Renacentista y Barroca, que tiene lugar a finales de julio.
La Calahorra

Desde 0 €
En la extensa llanura del Marquesado del Zenete se eleva una colina que mira a Sierra Nevada. Desde ella, el castillo palacio de La Calahorra domina la localidad homónima desde 1509.
Declarada Monumento Nacional, esta fortaleza es histórica, más allá de sus siglos de vida, por ser la primera obra renacentista de la Península Ibérica. Construido en pocos años, muestra una planta rectangular con una torre cilíndrica con cúpula en cada vértice.
En su interior, menos rígido y austero, destaca un patio interior a doble altura repleto de arcos y balaustradas de mármol de Carrara. El estilo renacentista sigue en su escalera claustral y las dependencias, repletas de artesonados.
Aunque actualmente está en manos privadas y antaño estuvo a punto de ser vendido piedra por piedra a Estados Unidos, este Monumento Nacional es visitable.
Alcazaba y Castillo del Gibralfaro

Desde 3 €
El Castillo del Gibralfaro se apoya sobre una colina (la del Gibralfaro) desde donde uno adivina la ciudad a sus pies y el Mediterráneo como telón de fondo.
Se construyó en el siglo XIV y fue impenetrable hasta la conquista de los Reyes Católicos en 1487.
No extraña que sea una de las joyas más visitadas para quienes visitan la capital de la Costa del Sol. Por su imponente arquitectura y un entorno rodeado de pinos y eucaliptos donde detenerse y admirar Málaga a tu pies.
Castillo de Niebla

Desde 4,50 €
Dicen que es la muralla musulmana más grande y mejor conservada de España. De origen almohade, sus dos kilómetros de perímetro circunvalan el casco antiguo. Se la conoce como «la Roja«, por el color de los materiales con los que fue levantada. Castillo y recinto amurallado pueden ya visitarse tras las obras de restauración.
Su castillo del siglo XV sobre el alcázar árabe, también conocido como Castillo de los Guzmanes, es espectacular, con 40 torres y cuatro puertas fortificadas, la de Sevilla, la del Agua, la del Rey y la del Socorro.
Su puente romano de nueve arcos para salvar el río Tinto es también impresionante, así como las necrópolis dolménicas y los vestigios de la catedral.
Todo ello ha hecho que Niebla, que fue capital de un reino musulmán que se extendía hasta Portugal, haya sido declarada Conjunto Histórico Monumental Histórico Artístico en 1982.
Como anécdota, Niebla es conocida como la ciudad de la pólvora porque Alfonso X el Sabio, en vista de que no podía asaltar sus muros, tuvo que recurrir al empleo de ese explosivo, por primera vez en nuestra historia, para tratar de tomar la urbe.
Finalmente, la ciudad de Niebla se rindió, pero por hambre, así que su muralla siguió prácticamente intacta y así ha llegado hasta nuestros días.
Alcazaba de la Alhambra

Desde 22 €
Ríos de tinta se han escrito sobre la majestuosa Alhambra y cuesta, empero, manifestar la impresión que causa una y otra vez visitarla.
El conjunto en su completo merecen horas de recorrido. Y contemplar cada detalle de los Palacios Nazaríes —de Comares al Palacio de los Leones—, los inspiradores jardines del Generalife y, por supuesto, la Alcazaba.
Bajo el mandato de Muhammad Ibn Al-ahmr se construyó esta fortaleza defensiva en 1238 en cuyo interior todavía se hallan las torres defensivas, destacando la Torre Quebrada, la Torre de la Vela y la Torre del Homenaje.
Castillo de La Iruela

Desde 1 €
Las ruinas del castillo de La Iruela crean uno de los enclaves más mágicos de la provincia de Jaén. El pueblo homónimo que lo acoge se sitúa en la falda occidental de la Sierra de Cazorla, dominando el alto valle del Guadalquivir.
Los orígenes de este fotogénico castillo se encuentran en el siglo XIII. Siete siglos más tarde, no obstante, sigue dominando este vertiginoso risco sobre la localidad y su imponente mar de olivos.
En el interior de la propiedad puede visitarse la iglesia de Santo Domingo de Silos, declarada Monumento Histórico desde 1985.
Alcazaba de Almería

Desde 0 €
Declarado Bien de Interés Cultural y máxima expresión de la herencia musulmana en Almería y una de las mayores fortalezas defensivas que alzarían en toda la península.
Sería el califa cordobés Abderramán III quien mandara construirla en el año 955, si bien Almanzor la ampliaría a posteriori. Uno de sus elementos más interesantes es el triple anillo amurallado que asciende y se adhiere al imponente cerro de San Cristóbal.
La Alcazaba de la ciudad es a un tiempo testigo de la historia y localización de cine —el Dorne de Juego de Tronos se ambientó entre sus muros.
Alcázar de la Puerta de Sevilla

Desde 2 €
Cruzar la Puerta de Sevilla es, literalmente, atravesar las páginas de la historia de Andalucía. Este acceso, más que una simple entrada, es un prodigio de la ingeniería militar diseñado con un solo objetivo: ser inexpugnable.
Sus muros han visto pasar los siglos y las civilizaciones; desde los cimientos levantados por los cartagineses hasta el icónico arco de medio punto que los romanos grabaron en el horizonte de la ciudad.
Serían los almohades quienes terminaron de dar forma a este gigante de piedra, añadiendo torres que guardan leyendas de cautiverio, como la del último alcaide musulmán bajo el mandato de los Reyes Católicos.
Hoy, lejos del estruendo de las batallas, este recinto se ha transformado en un corazón peatonal lleno de vida, donde el viajero puede pasear tranquilamente y sentir el peso de dos milenios bajo sus pies.
Castillo de Castellar de la Frontera

Desde 0 €
Hasta la fortificación de esta singular localidad gaditana se accede a través de una sinuosa carretera ascendente. Un regalo para la vista de las sierras que alojan el Parque Natural de Los Alcornocales.
Todo el conjunto histórico de Castellar de la Frontera se amolda sin fisuras al cerro irregular sobre el que se asienta. Su fortaleza halla sus raíces en el siglo XIII en tiempos de luchas entre musulmanes y cristianos, cuando su bastión formaba parte de la línea defensiva que erigió el reino de taifas de Algeciras.
En las callejuelas empedradas del pueblo se alinean casitas blancas de una sola planta que se amoldan al terreno y al reducido espacio, para no desperdiciar nada del interior de la fortificación.
En ella, recovecos y placitas se abren en el paseo por este pueblo que desde 1963 es Monumento Histórico-Artístico, y desde el año 2019 forma parte de la lista de Los Pueblos más Bonitos de España. A unos kilómetros ladera abajo se halla el «Nuevo Castellar» que creció fuera del castillo.
Castillo de Santa Catalina en Jaén

Desde 1,50 €
La primera parada, cuando uno arriba a la ciudad de Jaén, y como manda la lógica, es subir al Castillo de Santa Catalina. Otear las iglesias que se descubren a tus pies e incluso adivinar la Catedral si te desplazas hasta la cruz del cerro. Más allá quedan al descubierto Sierra Morena, Sierra Mágina, el valle del Guadalquivir. Un espectáculo, un anticipo para bajar el ritmo.
Aunque sus raíces se hunden en el pasado islámico, fue tras la conquista de Fernando III «El Santo» cuando el alcázar alcanzó su máximo esplendor, convirtiéndose en un vigía inalcanzable.