Hay lugares en las ciudades que solo aceptan visitas en la memoria. Así los proyectos que no vieron la luz o aquellos que se erigieron para desaparecer con la misma diligencia. Esa nostalgia que despiertan los pabellones efímeras de la Expo 92 o las portadas de la feria. Sobre estas últimas hay una extinta estructura que da origen a esta tradición de recibir al visitante en el Real y que podría haberse convertido en un monumento icónico: la Pasarela o Pasadera de Sevilla.
La primera portada de la Feria de Sevilla
Erigida en Sevilla en las postrimerías del siglo XIX, se mantuvo junto al Prado de San Sebastián entre 1896 y 1920. Una torre de hierro inspirada en la torre Eiffel de París dominaba este entorno y se convirtió en un elemento indispensable de las fiestas de primavera.
De hecho, su inauguración coincidió con el primer día de feria: el 18 de abril de 1896.
El ingeniero industrial Dionisio Pérez Tobía ideó este emblema histórico que los hermanos Perea construyeron en su fundición, según sostiene el antropólogo Salvador Rodríguez Becerra.
¿Por qué se derribó la Pasarela?
En 1920 se tomó la decisión de derribar la Pasadera. La versión oficial, pues el misterio ha rodeado su demolición, defendía que era necesario «liberar el espacio urbano» que ocupaba a fin de preparar los ensanches de la inminente Exposición Iberoamericana de 1929.
Una excusa que, vista con el tiempo, generó dudas; en el emplazamiento que originalmente había que liberar se dispuso en 1929 la Fuente de las Cuatro Estaciones (obra de Manuel Delgado Brackembury) que hoy conocemos.
Se conoce que sus 81.297 kilos de hierro se desmontaron y se vendieron por 45.738 pesetas de la época.
Hoy la histórica Pasarela solo vive en postales antiguas y en la memoria de lo que Sevilla fue o pudo haber sido.