Los mejores chistes de sevillanos para alegrarnos el día

Dicen que el humor es la mejor receta para una vida longeva y como nosotros queremos que tengáis una larga vida en Sevilla, hoy os traemos una ración de los mejores chistes sobre sevillanos.

Aviso: esto es humor que no pretende ofender a nadie, así que abstenerse rancios.

¡Que viva el humor!

1. Un tren y tres borrachos

Tres borrachos que llegan a la estación. “DIN DON DIN. El tren con destino a Sevilla, sale ahora mismo por la vía 4”. Se ponen a correr pero el Jefe de estación ayuda a uno a subir, ayuda al otro, y cuando llega al tercero, el tren ha cogido ya velocidad, y no puede
subirlo.
— Lo siento, pero ya es tarde.
— Pues más lo van a sentir ellos, que habían venido a despedirme.

 

2. El congreso internacional

Hay un congreso internacional de policías en Sevilla y están un poli americano, un poli ingles y un guardia civil tomándose un finito en una tasca durante un descanso.
El poli americano se abre un poco la camisa y muestra una cicatriz de 10 cm y dice (con acento): “New York city”.
El poli inglés se remanga el brazo y muestra una cicatriz, que da pena y miedo verla, y dice (también con acento): “London city”.
Finalmente el guardia civil se baja un poco los pantalones y mostrando una cicatriz dice: “Apendi-siti”.

 

 

3. Un sevillano en Graná

Un sevillano llega al centro de Granada y se sienta en un bar. Llama al camarero y le dice: “Mi arma, ven pacá“. El camarero llega y le dice: “Aquí en Graná no se dice “mi arma”, así que no me vuelvas a llamar así. Puedes llamarme Jefe, Camarero, Tío, pero “mi arma” no lo vuelvas a decir”. El sevillano se empieza a cabrear y le dice: “Vale, tío, no pasa . Porme una servessita, a lo que el camarero le contesta: “Aquí en Graná no tenemos servessitas, te puedo poner una cerveza, una caña, un tanque, un tubo, pero una servessita no.

El sevillano, ya con un rebote impresionante, le dice: “Joé, po porme una CAÑA, TÍO. Y de camino tráeme unas olivitas”.
El camarero mira al sevillano con desprecio y moviendo la cabeza hacia los lados le dice: “Aquí en Graná no tenemos olivitas, te puedo poner unas aceitunas si quieres…”. El sevillano ya aguantándose para no lanzarse a por el camarero le dice: “Vaya como es el tío, pues porme unas ASSEITUNAS.

El camarero se va y le trae lo que le ha pedido. El sevillano paga al camarero y cuando le devuelve el cambio le dice: “Un segundo, que tengo curiosidad, aquí en Granada ¿cómo llaman a los imbéciles?”. Y le contesta el camarero: “Aquí no los llamamos, vienen ellos solitos por la A-92”.

 

4. La profesora sevillista

Una profesora muy sevillista pregunta a sus alumnos en clase de qué equipo de fútbol son. Cuando pregunta si son del Sevilla, todos los alumnos por miedo a represalias levantan la mano. La profesora mira con satisfacción hasta que ve a un niño en el fondo de la clase con la mano bajada.
— Pepote, ¿por qué no has levantado la mano?
— Pues porque yo no soy del Sevilla, señorita.
— ¿Y de qué equipo eres?
— Soy del Betis, señorita.
— ¿Y podrías contarme por qué eres del Betis?
— Pues porque mi hermano mayor es del Betis, mi padre es del Betis y mi abuelo es del Betis.
— Bueno Pepote, pero ya sabes que no tienes que ser lo mismo que tus padres. Si ellos fueran unos vagos y unos borrachos, ¿entonces tú que serías?
— Seguramente hincha del Sevilla.

 

5. Un cura granadino en Sevilla

Un cura granadino está en la iglesia y viene el obispo y le dice:
—  Tienes que irte a Sevilla.
Y el cura, que odia a los sevillanos, se tuvo que ir. Entonces está dando la primera misa y empieza a hablar de Adán y Eva:
— Adán, bueno, puro… ¡del barrio de la Chana, de Granada!
— Eva, mala, impura… ¡del barrio de la Macarena, de Sevilla!
Y todo el mundo alborotado. Al día siguiente da la segunda misa y se pone a hablar de Caín y Abel:
— Abel, bueno, puro… ¡del barrio del Zaidín, de Granada!
— Caín, malo, impuro… ¡del barrio del Nervión, de Sevilla!
Y todo el mundo alborotado de nuevo. Al finalizar la misa, se le acerca el obispo de Sevilla y le dice:
— Esto no puede seguir así, mañana das la última misa y te vas.
Al día siguiente el cura habla de la Última Cena, donde todos los apóstoles se acercaban a Jesús diciendo:
— ¿Seré yo, maestro?
— No, no serás tú, Pedro.
— ¿Seré yo, maestro?
— No, no serás tú, Juan.
Así, hasta que le toca el turno a Judas y éste se acerca y le dice:
—  ¿¿¿¡¡¡¡Zeré yo, mi arma!!!!???

 

6. La sevillana del tablao 

Esto son dos andaluces de Jaén hablando:

—  Me he liado con una sevillana y me ha llevado a ese sitio de bailar a zapatazos.

—  ¿Tablao flamenco?

—  No, no, habla español, raro, pero español.

 

 

7. Un malagueño en un bar sevillano

Un malagueño que llega a Sevilla para ver la Semana Santa, entra en un bar y le dice al camarero:
— ¿Tiene usted platos combinados?
A lo que el camarero le responde:
—  Si tenemos muchos y buenos platos combinados.
El malagueño va y le dice:
—  Me pone usted un Benedicto XVI y un Julián Muñoz.
El camarero va y le pregunta:
—  Perdone, ¿ese qué plato es?
A lo que el malagueño va y le dice:
—  !Papas con chorizo, papas con chorizo!

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