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Justa y Rvfina: el proyecto que documenta el patrimonio gráfico de Sevilla

Las letras que describen el callejero sevillano tienen mucho que decir.

Ariana Buenafuente Ariana Buenafuente - Redactora

Justa y Rvfina: el proyecto que documenta el patrimonio gráfico de Sevilla

Desgranamos Justa y Rvfina en una conversación donde sus voces se entremezclan, con pasadizos narrativos y viajes en el tiempo para descubrir el patrimonio visual de la ciudad. Aquel de los rótulos icónicos, el del imaginario colectivo, el de los contrastes de la sevillanía, la carga política y la puesta en valor de un bien cultural todavía por descubrir. 

¿Cómo surge Justa y Ryfina?

Surge de la pandemia y el aburrimiento. Estábamos rumiando cada uno el tema de afrontar el mundo de los rótulos de Sevilla. Unos por un lado, otros por otro y por una conversación, caímos en la cuenta de que estábamos trabajando en lo mismo.

A todo el mundo le pareció interesante. Pensamos “vamos a hacer esto gratis y vamos a dárselo a la ciudad gratis o a lo mejor ponemos una donación y que eso vaya para fines sociales”. Era el inicio de la pandemia, momento de comedores, la gente llevando cestas de compra a vecinos con problemas de recursos y tal. Tenemos un fondo social, yo creo cada uno con una ideología política, pero que el proyecto ya nace con una patita social.

Empezamos a currar en marzo de 2020 y hemos parido casi que el 5 de noviembre, aunque vamos a seguir haciendo cositas hasta que nos aburramos.

Una definición del proyecto

Es parte de la investigación de por qué tenemos esas tipografías en los rótulos de la calle, que a simple vista ya resultan un poco extravagantes o exóticas para el sitio en el que están. Es el estudio, el por qué, de dónde vienen y por qué se erigen esas tipografías.

El desarrollo de la tesis tendría dos ramas. Por una parte, rescatar de alguna forma o imaginar el modelo original. Y de otro lado, que sirva como un catálogo de cómo esa tipografía, ese rótulo, se ha ido adaptando a los tiempos, se han ido deformando y cómo esto también se refleja en la idiosincrasia sevillana. Lo hemos relacionado con la idea que tenemos de la ciudad.

¿Alguna vez habíais investigado antes esto de las tipografías de Sevilla?

Algún palito le habíamos dado. Sobre todo hablo por mí (Ricardo), que vengo de un proyecto anterior que se llama Sevillatipo, que trata de documentar el patrimonio gráfico comercial de la ciudad. Lo que vendrían a ser los rótulos o los luminosos que se han llamado toda la vida con la idea de marcarlo como parte de la identidad de la ciudad, incluso como parte del patrimonio. Por ejemplo, que la Custodia de Arfe que está en el tesoro de la catedral o el rótulo de la droguería Arenal García Vinuesa deberían tener un mismo valor patrimonial. Es un poco esa batalla.

El nomenclátor de las calles no deja de ser también patrimonio gráfico, porque es una expresión gráfica, es tipografía. Y no deja de ser parte de la identidad de la ciudad. Aunque esas mismas letras empiezan en Sevilla y van irradiando. 

¿Son fuentes genuinas de Sevilla o podemos verlas en otros sitios?

Las encuentras en pueblos de Cádiz y de Córdoba, en Córdoba ciudad, en Extremadura y hemos llegado incluso hasta Las Palmas de Gran Canaria.

En 1845, el Ayuntamiento le encarga a Pickman, a La Cartuja de Sevilla Pickman & cía “oye, rotulad todas las calles”.

Antes lo que había era lo que hizo Pablo de Olavide en 1781 y previo a eso no había nada, la ciudad se organizaba religiosamente, curiosamente. Se organizaba por parroquias. Llega la Ilustración, llegan los afrancesados, Carlos IV pone a Pablo de Olavide como alcalde de Sevilla y él hace un callejero y es la primera vez que se organiza una ciudad de forma civil y no religiosa. 

Esa organización de Pablo de Olavide era un poco caos, porque no había realmente calles, sino que iba por manzanas. Entonces en una misma calle se podían ver tres número uno. El siguiente paso es este nomenclátor, el Ayuntamiento le encarga a esa fábrica de cerámica las placas y a partir de ahí, ocurre supongo que por trabajo de los comerciales de la empresa o porque un alcalde de un pueblo venía a Sevilla, veía eso y decía “pues yo quiero esto para mi pueblo o para mi ciudad”. 

Sevilla no dejaba de ser una capital agraria y mercantil, era un poco cabeza de la Andalucía occidental junto con Cádiz. Entonces imaginamos que ahí es como irradia. Esto son totalmente teorías, no son leyes ni son tesis.

Hablamos de teorías pero, ¿hay alguna tesis que podemos confirmar?

En realidad no es ningún estudio concienzudo de la época ni somos historiadores ni tenemos una formación científica al respecto. Pero sí es cierto que hemos encontrado cierta referencia, como una tipografía del siglo XIX inglesa, alguna también incluso más antigua ornamental… Pero son las tipografías llamadas toscanas, que se pusieron de moda en la Inglaterra de mediados del siglo XIX y y por ahí pueden venir un poco los tiros.

Hemos descubierto algunos tipos que coinciden muchísimo con esa tipografía, a pesar de que no hemos encontrado ninguna que sea exactamente igual o muy, muy similar.

De ahí también que sea un diseño bastante curioso y un tanto extravagante. También es cierto que no hemos podido investigar más, ya que la empresa Pickman tiene una colección que está desmontada. No hemos podido visitar toda la colección y lo hemos pospuesto para indagar a nivel físico las piezas.

¿Cuál es la hipótesis anglosajona relacionada con el origen de estas tipografías?

Pickman, el fundador de La Cartuja, era un comerciante inglés que previamente había parado en Cádiz donde había tenido un comercio. Pero el hombre se viene a Sevilla y aprovecha una doble situación en la que el gobierno liberal de esa época pone unos aranceles muy fuertes a las importaciones de cerámica de fuera de España y también aprovecha la desamortización de los espacios religiosos. Entonces el tío triunfa doblemente porque coge por cuatro perras el monasterio de la Cartuja y se monta una fábrica de cerámica.

Era el momento de la Revolución Industrial en Inglaterra, Pickman se trae un montón de avances tecnológicos y técnicos de su tierra. Y con esas máquinas se trae también a a los operarios y a los artesanos. Porque esa loza de la Cartuja que toda familia tiene en su casa, lógicamente responde unos patrones ingleses.

Foto: Wikipedia

Ahí empieza nuestra hipótesis «esto es muy sevillano, pero de sevillano no tiene nada. Esto tiene un pie en Inglaterra, en la Inglaterra victoriana». Entonces nos vamos a buscar catálogos tipográfico de la época inglesa. Estamos hablando de una época pre digital en la que hay empresas llamadas fundiciones, donde se hundían los tipos móviles en plomo y zinc que sacaban sus catálogos comerciales.

Hojeando esos catálogos encontramos unas curvitas salerosas que nos recuerdan a lo que creemos que es el origen, porque lógicamente estos rótulos llevan siglo y tres cuartos, como yo digo, en la calle y se han modificado. Un artesano lo coge, otro le añade, uno se copia, se copia mal.

Tenemos hechos que es que Pickman trae técnicos y tecnologías, con lo cual pensamos que también se trae referentes estéticos. Esa tipografía en ese momento eran top ventas en Inglaterra. Y a la misma vez esos tipos llegan a Estados Unidos y también hay una explosión de esas tipografías allí. Creemos que es una irradiación en dos sentidos que viene desde Inglaterra y va para España y también para Estados Unidos, donde curiosamente le ponen un nombre europeo, pero creemos que algo comercial, a lo mejor algo como la tortilla francesa, la ensaladilla rusa, no son cosas que originalmente ni son rusas ni son francesas. Simplemente nombre que se le da en otro territorio.

¿Se mantienen algunas de estas tipografías en Inglaterra?

No queremos decir que se usasen en calles, claro, sino que son tipografías que se utilizaban en todo, en publicaciones, en cartelería, en usos comerciales. Eran tipografías ornamentales que se solían usar en pequeña cantidad, no para escribir un libro, sino para portadas. De hecho, hace poco hemos encontrado carteles de feria de la Fiesta de Primavera de Sevilla de 1850, que prácticamente es un catálogo de esta tipografía con todos los titulares escritos con una ornamental diferente.

Hay que decir que también por el punto ácido que le hemos querido dar al proyecto. Nos gusta mucho nuestra hipótesis de que una de las características más monolíticas de Sevilla, de una ciudad tan ombliguista y que se mira tanto para dentro, sea inglesa. 

Aparecen muchas tipos de bodegas de Jerez y eso nos confirma la teoría porque los capiteles de las Bodegas de Jerez también son ingleses: Osborne, González Byass… Y también se traerían tecnologías y artesanos y diseñadores (que en esa época no existían, eran otro gremio) pero si ves las etiquetas antiguas del marco de Jerez y eran las mismas.

Foto: Grisha Bruev / Shutterstock.com

¿Cómo se ha llegado a los rótulos de callejero que vemos hoy día? Las eses dobladas o las enes del revés…

Creo que son fenómenos distintos.

El bocabajismo, que hemos matizado, viene directamente del desconocimiento tipográfico. Y no es una cosa propia de la ciudad de Sevilla ni le queremos echar la culpa a los pobres operarios municipales, que no tiene por qué conocer que una letra tiene unas expresiones. Todos los días en el telediario ves ruedas de prensa en la puerta de la Audiencia Nacional de Madrid y las dos enes también están al revés. Estaciones de tren, de autobuses, en muchos lugares ocurre que la ene está al revés. La puedes girar 180 y crees que es lo mismo pero no, tienen su forma de ser. Igual que una A no puede tener el grosor en la izquierda. Entonces, el bocabajismo viene del desconocimiento. Las letras que puedes girar 180 grados y de lejos no dejan de ser legibles como la S, la N, la O, la I. 

También viene un poco de la necesidad, si no tengo la A tengo una V. No tengo una U, pongo una V. Porque además no estamos hablando de cuando en el castellano se usaba la V como la U, estamos hablando de 1845. O el San Kermenegildo o la calle ancha en Cádiz es una K en lugar de una H.

¿Y que se mezclen dos tipos de azulejos?

Claro, si se cae una letra pues pones la que tienes en ese momento. Hay tanta variedad de artesanos y modelos y tamaños que hemos descubierto, que el modelo original se ha pervertido de todas las maneras posibles.

El otro fenómeno de la Rvfina, un poco como cuando haces obras en casa de tu abuela y rompes ese azulejo. Si no lo has guardado, no lo vas a encontrar igual. Esa tirada se agotó y ya no existe.

Pero también ocurre otra cosa, que nos parece más divertida, que es que esto lo empieza Pickman en 1845, pero en un momento dado dejan de ofertar esas letras. A lo mejor deciden centrarse en el menaje, en sacar la sopera, los platos, los tarjeteros o algún otro tipo de producto cerámico. Pensamos que incluso había una división de competencia entre los talleres trianeros y el de la Cartuja. Los trianeros se dedicaban más a los productos de construcción, placas para patios o cuartos de baño. Y Pickman se dedicaba más a objetos del hogar como cerámicas. 

En un momento dado los trianeros decidieron meterse y empiezan a aparecer estas derivaciones, no es la letra original sino que son similares. Entonces en una política comercial también creemos que hay un poco de sevillaneo. Alguien roba un molde, los moldes van de negativo a positivo y se van reproduciendo así. Pensamos que en el caso del rufinismo, de esa evolución que ha tenido esa tipografía parte mucho de redibujar el contorno.

Existe esa opción, que se hayan ido cogiendo los originales como modelos para moldes, se hayan hecho moldes de los originales y se hayan ido engordando. Encontramos muchas veces que las letras se expanden e incluso modelos muy actuales que son muy gorditos porque el artesano que los ha dibujado piensa que la tipografía era así de gordita.

En concreto, quién está detrás de Justa y Rvfina.

Jorge es ilustrador y tatuador; yo (Ricardo) soy diseñador gráfico; Peri es licenciado en Bellas Artes pero se dedica al diseño gráfico y vídeo y Juanje es tipógrafo a parte de diseñador. 

El curioso que acceda a Justa y Ryfina ¿qué se va a encontrar además de teoría? 

Va a poder probar la tipografía, testear, escribir. Y descargarla con una licencia libre, que no significa gratuita. Invitamos a la gente a donar algo para fines sociales. Ahora mismo estamos donando todos los beneficios llamada La Carpa, que atiende a la gente que duerme en la calle y a todos los trabajadores de la fresa en Huelva, africanos, subsaharianos. 

También va a poder leer toda esta investigación, nuestra hipótesis, ver documentación y conocer un poco más de las personas que están detrás del proyecto. 

A parte tenemos la tercera pata, que es Suprima. Esto ha sido ya ahondando un poquito más en la teoría de la sevillanía, que hemos querido representar en una serie de dingbats, acompañar imágenes con pequeños símbolos. Quisimos representar un poco las dos caras de Sevilla en este pequeño archivo con imágenes.

Decidimos explotar la virtud, los vicios, ese heavy que es muy heavy pero sale de costalero, tú y tus amigos pijos o cuando te arreglas para ir a la feria, que no te has arreglado en tu vida. Es un poco la Asociación de víctimas del sevillaneo, coger un poco esa identidad. En Suprima sobre todo tratamos de enfrentar opuestas. Está la pureza y lo bastardo; la Macarena y los trianeros. Desde el coño insumiso hasta el Peregil cantando una saeta.

Al principio iba a ser una tipografía, pero pronto vimos que mínimo debíamos hacer dos. Una que fuese el canon perfecto, que entroncaba con la investigación histórica de buscar qué se trajo este hombre de Inglaterra y cómo empezaron los artesanos de Sevilla una vez se fue el guiri que les había explicado look and do it, un poco como eso, como el «linquidoi». Al principio era ese artesano que venía de Inglaterra a formar a los bárbaros trianeros, del look and do it al «linquidoi». Justa es eso.

Y Rvfina es, no solo eso, sino la evolución de 175 años.

¿Qué es un dingbat?

No sé de dónde viene la palabra pero muchas veces una tipografía necesita, por ejemplo para componer un cartel sobre todo en textos grandes ornamentales, se solía acompañar de una serie de caracteres que eran ornamentos. Por ejemplo poner para cada frase un dibujito. Eso dio paso a los dingbats que llamamos hoy. 

Creo que es algo que aunque es de la tipografía digital actual pero eso viene de la imprenta tradicional. Las imprentas de toda la vida tenían letras de madera o de plomo pero no solo tenían de la A a la Z, números y símbolos, sino que tenían también una serie de ornamentos que les ayudaban a componer el texto. La típica mano que señala, que casualmente se llama la mano del impresor, eso es un absoluto en la tipografía tradicional. Elementos que cierran una frase, típicas esquinas. Yo creo que los dingbats vienen de ahí.

Lo definimos en la web como esas postales turísticas que no podrás comprar en la tienda turística que hay donde cerró la tiendecita de toda la vida.

De los rótulos icónicos que nombran las calles de Sevilla, ¿cuál es vuestro favorito?

La Plaza de los Refinadores es como la portada de ‘Never mind the Bollocks’, de los Sex Pystols. Mezcla cuatro tipos, casi todos los fenómenos que hemos querido sintetizar, está en varias alturas, en dos relieves diferentes... Una de las fachadas está retranqueada. Hay una cámara de seguridad de esas redondas, con lo cual le da todavía más esa capa política o crítica que le hemos querido dar al proyecto. Joder, una plaza con una cámara de seguridad.

¿Hay una intención o crítica política vuestro trabajo?

De hecho, en la Suprima es donde más carga política hay porque en las letras difícilmente era posible. Las letras son como un destornillador, puede ser una herramienta y también un arma homicida. Pero la Suprima sí tiene una carga política. Hemos querido contraponer la inocente silla de plástico contra esa reja sevillana, esa forja tradicional. Puedes quedarte en la capa estética pero ahí estamos hablando nosotros del libre uso del espacio público: sacarte una silla en la puerta de tu casa y tomar el fresco cuando ya no nos dejan salir a la calle si no estás consumiendo en un bar. O esa reja que es una capa estética tradicional pero nos está hablando del uso privativo: uso reja para que no me roben, los okupas. 

Matalascañas, por ejemplo, lo entiendo como una extensión de Sevilla en Huelva. Esa imagen tan bonita de una paloma bañándose en la paza de la fuente de Doña Elvira, eso es cuando te ves a los caris bañándose se contrapone con Matalascañas. El verano en la ciudad o poder tener vacaciones. Como todo lo simbólico te puede significar una cosa o no. 

Ahora caminaremos todo el día mirando los nombres de las calles…

Lo que más dice la gente cuando escribe por Instagram es “ya nada más que miro los rótulos”.  Bienvenido a mi TOC. Pero está muy guay que puedas cerrar los ojos y te acuerdas de la calle. Yo soy de Pascual de Gayangos y para mí nunca ha estado escrita entera. El centro tiene otros códigos, claro. Los rótulos aquí ha evolucionado tanto que en un edificio tan contemporáneo, en las Setas, en Viapol. 

¿Qué hay de los errores en algunos nombres de calles?

No nos ha dado tiempo también a reconocer toda esa parte de qué significa políticamente el nomenclátor de una ciudad. Vivimos mucho ahora en la sustitución de nombre con el tema de la memoria histórica. La Avenida de la Constitución fue la avenida de José Antonio Primo de Rivera, anteriormente Avenida La República, anteriormente Avenida de la Libertad. Por eso estamos más o menos acostumbrados, casos chungos incluso, como el gobierno del PSOE, que le pone el nombre de la Bardem madre a una calle de Sevilla cuando no tenía vinculación ninguna. Lógicamente, llega al siguiente gobierno municipal y le pone el nombre de una virgen del barrio, pero de una virgen. Para eso nos gustaría haber tenido más tiempo. 

Cuántos nombres de hombre, cuántos nombres de mujer hay. De esos nombres de mujer, cuántas son vírgenes, beatas o monjas. Y de esas mujeres que todavía no son religiosas, cuántas no son reinas, etc. 

Aquí hay un caso maravilloso, que es la calle Eustaquia Barrón. Hasta hace poco había un cartel hilarante. Porque ahora mismo pone calle Eustaquia Barrón, antigua calle Eustaquio Barrón y alguien puso con un papel ‘Antigua, antigua calle Eustaquia Barrón’. 

Es un caso de invisibilización de la mujer en el callejero, pero también voy a meter yo mi rollo. Esa era la madre del dueño del palacio, que el nota este rotula todo el barrio, que eran huertas, con los nombres de su familia: su nombre, el de su hermano, el de su padre, el de su madre. Por eso de Aniceto Sáenz, Antonia Sáenz, otra Sáenz y Eustaquia Barrón, que su madre. Es el tipo que compra esa manzana de casa y la derriba para que se luzca la fachada de su palacio. O sea que también esto que quieras o no el mocoso sevillano, pero que también tiene. Y como todo se veía, todo está íntimamente relacionado con el proyecto.

¿Cómo veis el proyecto a largo plazo?

Nos gustaría que lo conociese la gente y lo usase con un uso responsable respetando la licencia no comercial. Nuestra idea es que todo lo uses para hacer tus cosas, pero no nos gustaría que un listo se pusiese a hacer camisetas y se forrase con eso.

Yo solo espero que genere cierto interés. Que la gente se empiece a preocupar por el diseño como fenómeno sociológico, no solo de la contemporaneidad de lo digital, sino que el diseño está muy arraigado en la historia de nuestra ciudad, en la identidad. Una noticia de tipografía o interés no nos llame la atención en Sevilla y en otras ciudades sí. Entonces, con que genere cierto interés por la tipografía o por el uso del diseño a nivel histórico también ya se me hace un motivo para seguir dando un poquito de guerra. Ese.

A todo le ponemos nombre, ¿cómo llamamos a todo este imaginario que hay en Suprima?

Más que de estilo visual, creo que hay una corriente ahora, la Neoregionalista para reivindicar la identidad folclórica. Lo que llamamos la sexta ola del andaluz, que tiene unos referentes estéticos muy claros y unos referentes musicales. Después de un periodo en el que nos hemos criado queriendo ser el príncipe de Bel-air y teniendo nuestros referentes estéticos fuera, es muy normal que mires hacia lo tuyo, sobre todo cuando te das cuenta que se está perdiendo, que el centro de tu ciudad podría ser el de Bruselas o el de Phoenix (Arizona), es cuando reparas en lo que has perdido o lo que estás a punto de perder. Y es cuando lo reivindicas. No es lo que ya hizo Julio Romero de Torres hace 100 años, que representó unos valores estéticos que se vendían, supongo. Aquí es un poco rescatarlos pero llevándolos al centro del foco. 

Habláis de una ciudad que tiene mucha identidad, que se mira mucho a sí misma al mismo tiempo que parece que se está perdiendo.

Si, no se autoanaliza ni se clasifica. No hay una labor de arqueología moderna, no se clasifican los estilos ni se sabe de dónde venimos. Sobre todo a nivel de 200 años para acá. 

Y ya estamos hablando de que en Andalucía el logo de Canal Sur se encarga a un estudio de fuera; el logo nuevo de la Junta está en parte hecho fuera, no se le encarga a un estudio o diseñador o diseñadora andaluz; el rediseño de la UNIA (la Universidad Internacional de Andalucía) también es de un estudio de Barcelona; el rediseño de la Maestranza es de un estudio de Mallorca o de Menorca.

¿Por qué creéis que pasa eso?

Hay menosprecio y autocastigo, lógicamente.

Pero también hay mucho amor propio, ¿no?

Para mí ese amor propio es como el pobre derechas.

¿Qué es lo mejor y lo peor de vuestro trabajo?

Entronca con lo anterior de que hay una falta de cultura del diseño enorme en esta ciudad. Desde el que no valora pagar por diseño y no lo ve como una inversión, como un valor añadido a tu proyecto hasta las propias instituciones, que no apuestan por el diseño local o directamente hacen chapuzas enormes. 

Lo peor no es la falta de formación de diseño sino que los grandes capitales siguen todavía renegando de aplicar un buen diseño y de tener criterio para hacer las cosas bien. Creo que eso es mucho más acuciante en Andalucía.

Los grandes hitos sociales y culturales de la ciudad normalmente en los últimos años es una derrota para el diseño. Festival de Cine, Bienal de Flamenco, Fiestas de Primavera. E incluso no siendo de nuestro hilo, la temporada de toros, curiosamente lo más rancio, suele tener mejores carteles que el Festival de cine. Sevilla es de las pocas ciudades que sigue encargando diseños de carteles a artistas, no se fija en el diseñador o diseñadora.

Pensad en el callejero de Sevilla, ¿qué canción os viene a la cabeza?

Ahí Patanegra tiene una canción que es casi una guía de Google Maps, la de Me quedo en Sevilla. O una frase del Rock del Cayetano, «Sevilla tiene dos partes muy diferentes, una la de los turistas y otra donde vive la gente».

También me recuerda mucho al «Canijo» de Mansilla que tiene un capítulo donde tiene una pelea con su pareja y decide ir a comprarse un gramo de heroína y evadirse. Y en la narración, desde que sale de su casa hasta que llega al camello, son calles de este barrio. Describe las cúpulas de la iglesia de San Luis brillando al sol, coge Duque Cornejo y te imaginas desde que sale de la plaza de la Moravia número 2 hasta que llega a San Luis, 34.

El Pali tiene infinidad, él en sus sevillanas siempre mete topónimos, habla de una freiduría, de la Alameda (a pesar de que él era del Arenal)…

Entendemos que Sevilla es Siempre Así pero también es Narco, Reincidentes o el rap, que ha sido tan importante.

Vendedle la moto a Sevilla

Sevillano, desbarroquízate.

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