Los negocios del centro de Sevilla se articulan alrededor del beneficio económico, escapando del tejido social y la autenticidad de locales bien de toda la vida, bien prodigados a servicios singulares. Por fortuna, y pese a los consabidos cierres de proyectos fascinantes —la confitería Filella en 2014, el Bazar Victoria en 2017 o los ejemplos fallidos de Caótica o Verbo— algunos lugares que parecen detenidos en el tiempo resisten y continúan su tarea. Así la Papelería Ferrer, el comercio de su tipo más antiguo de España y el tercero de toda Europa que se prepara para un hito histórico: la apertura de su segundo local.
Tras casi dos siglos de historia en la icónica calle Sierpes, el negocio familiar auspicia un nuevo capítulo.
La nueva Papelería Ferrer en calle Lineros
Lejos de las grandes cadenas, Ferrer no busca replicar centros comerciales, sino expandir su mística. El nuevo establecimiento, ubicado en la calle Lineros, no sustituirá al original del número 5 de Sierpes, sino que lo complementará.
Aunque mantendrá la estética de estanterías de madera y fachada clásica, el nuevo espacio apuesta por una «nueva dinámica».
Los dueños buscan que los clientes interactúen más con los productos, ofreciendo una experiencia sensorial que los dispositivos digitales no pueden replicar.
En lo que respecta a posible fecha de apertura, se estima que el nuevo rincón de nostalgia abra sus puertas en aproximadamente dos semanas.

De un barco perdido a un imperio del papel
La historia de Ferrer parece sacada de una novela. En 1856, José Ferrer y Josefa Vidal llegaron a Sevilla desde Barcelona con un plan claro: esperar un barco hacia Cádiz y, de ahí, partir hacia América.
La cuestión migratoria no salió según lo esperado y el barco zarpó antes de que llegaran. Al verse obligados a esperar seis meses para el siguiente pasaje, alquilaron un local en Sierpes para vender tinta y plumillas.
Una suerte de negocio provisional de subsistencia terminó por convertirse en toda una institución que ya va por su quinta generación.
Ni la llegada de la mecanografía, ni los ordenadores, ni siquiera la IA han podido con la esencia de Ferrer. Por sus mostradores han pasado figuras de la talla de los hermanos Álvarez Quintero, el escultor Antonio Susillo o la bailaora Carmen Amaya.
Hoy, la resistencia del papel continúa más viva que nunca, demostrando que en pleno 2026, lo auténtico y lo artesanal sigue siendo el mayor lujo de la capital hispalense.