Restaurante Arte y Solera: la tradición y la creatividad se dan la mano

arte y solera sevilla

Todo empezó con la clásica frase “¿Qué cenamos esta noche?”. Mis ganas de cocinar eran nulas y mis compañeros de piso respondieron lo de siempre: “¿Pedimos chino?”. Soy amante de cualquier restaurante que se llame Gran Muralla, Oso Panda o Bambú, pero no me apetecía cenar pollo con almendras por tercera vez esa semana. Al final optamos porque nos diera un poco el aire.

Cerca de casa tenemos un restaurante que se llama Arte y Solera (Avda. Concejal Alberto Jiménez Becerril, 11). Es el típico que siempre que pasas por la puerta, te quedas mirando la carta y dices “¡Tenemos que probarlo algún día!”. Y sí, ese era el día.

La carta es bastante amplia y muy variada, así que os recomendamos que pidáis varias tapas sueltas para compartir. Nosotros estábamos bastante indecisos porque veíamos los platos de la gente y tenían una apariencia de 10, pero finalmente tomamos una decisión:

Para empezar, pedimos algo tan básico y sevillano como unas croquetas y unas patatas bravas, que rara vez fallan. Nos esperábamos el típico plato de bravas que pides en cualquier bar, pero ¡error! Las bravas se sirven de una forma original que nada tiene que ver con la clásica ración.

bravas

En cuanto a las croquetas de espinacas, son dignas de entrar en el ranking de las mejores de Sevilla. Tampoco le hicimos asco a lo que vino después: el pulpo con espuma de patata, que no tenía nada que ver con el pulpo chicloso que te ponen en muchos lugares. También queríamos probar algo más atípico, así que pedimos un gazpacho de mango, cuyo sabor frutal era bastante peculiar.

pulpo

Podéis llamarnos ansiosos, pero no queríamos irnos de Arte y Solera sin probar el que dicen que es su plato estrella: la paella de pollo y judías verdes. He de decir que la de mi padre la tengo en un altar y es imposible que cualquiera la supere, pero reconozco que la que probamos le hacía la competencia.

paella

Estábamos en la fase en la que teníamos que aflojar el cinturón, pero no podíamos irnos sin degustar un postre que nos había llamado la atención: el cremoso de chocolate con tartar de fresas y helado de cáscara de limón. Con el nombre sobran las palabras, ¿no?

Es un local curioso, ya que las tapas son muy tradicionales, pero tienen un toque moderno. Se notaba que los ingredientes eran de buena calidad. Investigando quién estaba detrás de Arte y Solera, descubrí que se trata de Marco Paz, un cocinero sevillano que ha recibido varios premios por su fusión de cocina local con influencia vanguardista. De hecho, Marco Paz estuvo al frente de un conocido restaurante de República Dominicana.

Nos sorprendió que para ser un gastrobar tiene unos precios más que asequibles para la cantidad de comida que sirven y cuidan muchísimo la presentación. Nosotros nos quedamos con ganas de probar el solomillo con puré de boniato asado y espárragos  y la lubina con romesco y ajetes confitados, así que ya tenemos una excusa para volver.

Por cierto, creo que sabiendo de la existencia de este restaurante, mis compañeros de piso y yo vamos a estar una buena temporada sin probar rollitos de primavera…

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