El significado oculto de las sevillanas más conocidas

flamencas

Seguro que alguna vez te ha pasado que llevas años cantando una canción a pleno pulmón, pero nunca te has parado a pensar en su significado, sobre todo si es en inglés. No hay más que pararse a analizar algunos hits como Umbrella de Rihanna. ¿No te has dado cuenta que básicamente el 80% de la canción se limita a decir “paraguas”? Y no hablemos del pop español. Mecano tenía temas triviales y de fiesta como Hoy no me puedo levantar Maquillaje, pero, ¿te has parado a escuchar la letra de Barco a Venus? Sí, muy chunga.

Pero más sorprendente es que llevas cantando sevillanas desde que tenías uso de razón, pero nunca te habías planteado por qué la margarita soñaba con ser romero o qué es el “algo” que se muere cuando un amigo se va.

No te preocupes, a partir de hoy conocerás el significado oculto de las sevillanas, aunque te advertimos que quizás nunca más vuelvas a escucharlas después de saber esto:

 

Sueña la Margarita

La margarita soñaba con ser romero, básicamente porque no se tenía en alta estima. Esta sevillana nos habla de lo difícil que es aceptarnos a nosotros mismos. En este caso, la margarita quiere ser romero para ir en el sombrero con la Virgen, lo que es más traumático aún, porque no quiere cambiar para sentirse mejor con ella misma, sino por otra persona.

Por si fuera poco, también hay una jaca que corretea tras los ciervos con el claro objetivo de merendarse a la familia de Bambi. Incluso los arrincona a todos en las marismas para darse un banquete.

Claramente, el subtexto de esta canción es el clima perturbador que se vive en El Rocío.

 

Mírala cara a cara

La palabra más amable para calificar al autor de la canción es “acosador“. Por no hablar de su escasa originalidad en las artes amatorias. Si la letra de la canción se trasladara a un videoclip tendríamos a un pesado baboso que mira a una mujer durante cuatro minutos.

Lo peor es que no se conforma con mirarla cara a cara en la primera, sino que también lo hace en la segunda y en la tercera. Y cuando comprueba que a la tercera tampoco va la vencida sigue con la cuarta. Miarma, ¿no te das cuenta que la chica no te quiere tocar ni con un palo? Y menos si no paras de mirarla fijamente como si fuera un expositor de helados.

 

Yo soy del sur

Cuando nos quejemos de los tópicos que hay sobre Andalucía, acuérdate especialmente de esta sevillana que concentra todos los estereotipos negativos que hay sobre nosotros. El personaje tópico de la chacha de Médico de familia se queda en una anécdota comparado con este tema.

Algunas de las mejores perlas son “me gusta dormir la siesta, yo soy del sur, yo soy del sur, me gusta dormir la siesta, el gazpacho y el buen vino“. ¿Bonitas palabras, verdad? Lo mejor es que todavía no contento con calificarnos a los andaluces de flojos y borrachos, el “artista” sigue diciendo que le gustan las romerías, los toreros con arte, los caballos bien domaos y las charlas de casino.

Al lado del autor de esta canción, Bertín Osborne es moderno.

 

Me casé con un enano

El rey Pedro I El Cruel y Rasputín son angelitos al lado del responsable de la letra de esta sevillana. ¿En qué momento alguien pensó que la historia de una mujer despiadada con fobia a las personas bajas era bailable?

A la buena señora no le bastó con reírse del pobre enano, que encima se casa con él para poder duplicar sus risas. No contenta con eso, le puso la cama alta para que tuviera que escalar y cuando la víctima se bajó de ella, cayó de bruces en la escupidera.

La muerte de Mufasa es una comedia comparada con este drama social sin precedentes. ¡Y encima hay quién lo baila con una sonrisa!

 

Te voy a comprar unas bragas

El gesto de comprar ropa interior a tu pareja puede ser hasta bonito si no fuera por el hecho de que el cantante es bastante repulsivo, pero de eso nos vamos dando cuenta poco a poco. Empezamos sospechando algo cuando le quiere comprar a su novia o esposa unas bragas de agujeritos para que cuando se agache le dé fresquito. Ahí ya sospechamos que es un asquerosito, pero cuando acaba diciendo que le va a comprar unas bragas de filigrana para que le entren ganas lo confirmamos.

¿Acaso le has preguntado a tu pareja si se quiere poner esas bragas? Obviamente, no. Porque la respuesta que hubieras recibido es “ponte tú unos calzoncillos roídos a ver si te da fresquito ahí, imbécil“.

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