En esta casa vivió puede leerse en placas conmemorativas por decenas en Sevilla. Basta dejarse caer por Dueñas para darse de bruces con el limonero de Machado o pasear por la Alfalfa y contemplar la modesta casa natal de Velázquez. Y próxima al Salvador la casa de Luis Cernuda, ya rehabilitada, que abrirá a mediados de diciembre como la Casa de las Letras de Sevilla.
Sevilla ensancha su oferta museística con este centro cultural dedicada al poeta y al conjunto de la Generación del 27.
La casa, para Cernuda, fue escenario anhelante, herida de una irremediable impertenencia y recuerdo del exilio. Ahora, este hogar de la calle Acetres se transforma en un espacio de memoria donde rastrear a los poetas del 27 y dialogar con su huella literaria.
La inauguración está prevista para el 16 de diciembre de 2026.
La Gerencia de Urbanismo y Medio Ambiente ha dirigido y ejecutado una intervención que arrancó en septiembre de 2024 y que ha costado 1,5 millones de euros.
Con estas palabras lo anunciaba el alcalde de Sevilla, José Luis Sanz:
«Tras 10 años esperando su rehabilitación (…) hemos recuperado la Casa Cernuda. Con ello, no solo rehabilitamos un inmueble histórico, sino que devolvemos a Sevilla la memoria de uno de sus poetas más universales. Este espacio se convertirá en centro neurálgico de la conmemoración del 27 y en referente cultural donde las nuevas generaciones podrán conocer y disfrutar de las letras sevillanas»
Cernuda nació en Sevilla, en esta casa del centro en el año 1902, y la dejó definitivamente doce años después, hace 112 años.
El proceso incluyó la compra de la casa por el Ayuntamiento, su vaciado, catas arqueológicas, los proyectos de obra y los planes museográfico y museológico.
Una estructura que se ha salvado
Las obras han consolidado la estructura y han renovado cubiertas, instalaciones y revestimientos. El proyecto inicial preveía sustituir casi todas las vigas de madera de los forjados superiores. Un nuevo estudio durante la obra demostró que la mayoría tenía resistencia suficiente, así que solo se han cambiado las peores, las de la zona de la galería.
Para cumplir la normativa contra incendios sin tocar la madera original, el equipo ha instalado un falso techo continuo. También ha aplicado un tratamiento preventivo contra la termita en las cabezas de las vigas.
La cubierta vuelve a lucir teja cerámica tras retirar las placas de fibrocemento de reparaciones anteriores. Además, hay una nueva escalera de hormigón armado y pintura al silicato en el interior. La jabelga tradicional se reserva para la fachada de la calle Acetres.
Los trabajos también sacaron a la luz restos arqueológicos de la casa del siglo XIX, como la solería de una vivienda anterior, bóvedas y la cimentación de una fuente. Esos hallazgos ampliaron el plazo de ejecución. Quedan protegidos bajo el suelo y documentados.
Las pinturas murales, el gran hallazgo
Al retirar los papeles pintados modernos aparecieron las pinturas decorativas originales de la vivienda, construida en 1900. Estaban hechas al temple y muy deterioradas. Un equipo de restauradores las consolidó, las limpió, fijó la capa pictórica y repuso los morteros perdidos con cal y arena, siempre con criterio de mínima intervención. Después reintegró el color de las zonas dañadas con témpera y acuarela y protegió el conjunto con resina Paraloid B-72.
El visitante podrá verlas en toda la galería de la planta baja y en parte de la planta alta. Su aparición obligó a reubicar el hueco del ascensor para preservar los muros que las conservan.
Con las obras terminadas, el ICAS, del área de Cultura del Ayuntamiento, adaptará ahora el espacio para su uso museístico. Quien cruce la entrada podrá recordar el patio que Cernuda describió en Ocnos: la vela echada, la penumbra fresca y la estrella de seis puntas de paño rojo sobre la lona.